Ryne Moore: Yandere as a philosophy of Love

Chapter 54: ff

Translate to
Chapter 54: ff

Mi corazón latía tan fuerte que cubría mis palabras:

TonTon TonTon TonTon TonTon.

—Hirise... —llamé, sintiendo como mis mejillas se enrojecían cada segundo más.

—¿Qué pasa? —dijo sin despegar los ojos de mí.

Respiré, viéndola a los ojos. —Jeg tror jeg elsker deg.

—¿Qué dijiste? —preguntó, claramente confundida.

Bajé la mirada, consciente de mis palabras en noruego, aliviada de que no me entendiera, pero decepcionada de mi cobardía.

Apreté el cuello, levantando la vista, diciéndole de frente. —Creo que te amo.

Confesé con toda mi determinación.

TonTon TonTon TonTon.

Pero su rostro me lo dijo todo en menos de un segundo, con las arrugas de su frente, sus ojos abiertos y su tembloroso labio inferior.

TonTon TonTon Ton.

Mi cuello perdió su fuerza, viendo mis manos bajo la mesa. En mi mente, chocando contra mi cráneo una sola idea se formaba.

Una que dolía.

TonTon TonTon.

—Lo siento —susurré, más para mí que para ella. Mientras sentía a mi corazón perder sus fuerzas.

TonTon Ton.

Ton Ton

Ton...

Ella era muy mala para esconder sus emociones...

Capítulo 40: Gusti Italiani IX

Lágrimas comenzaron a caer, ocultas por el ángulo de mi rostro. Pero las que resbalaban hasta llegar a mi barbilla caían como una gota completa.

Tas. Hacían contra el suelo.

Tas Tas TaTas Tas TaTas Tas Tas.

—Lo siento —logré decir, mientras limpiaba mis ojos con el torso de la mano—. No quería decir eso, soy una tonta, tonta.

Pero ella tomó mi mano, obligándome a verla a los ojos. —No te disculpes.

Sus oscuras pupilas me penetraban el alma sin pedir disculpas, aparté la vista, incapaz de sostener la suya. —Perdón, y-yo-yo solo, mi estómago, mi corazón, t-tú, tú...

—Cálmate —interrumpió, con la voz más dura de la noche—. Cálmate y respira.

Pero yo reaccioné antes que mi cerebro, Plam, rompiendo el vaso donde tomé el té, alejándola con un afilado y peligroso cristal. —Fui una tonta al pensar que tú me aceptarías —confesé, sintiendo como mis dedos se abrían—. Una completa idiota.

Todos los comensales empezaron a verme, a juzgarme, a rechazarme. Mi cabeza se comenzaba a llenar de ruidos, mientras mis manos se ensuciaban cada vez más con mi sangre.

Pam.

Una gota de sangre cayó al suelo, mientras yo salía corriendo fuera del local.

—¡Espera! —gritó, pero su voz se desvanecía metro a metro.

Mientras mis ojos, llenos de lágrimas, deformaban el mundo.

—Cuack Cuack —decía un pato caminando a mi alrededor—. Cuack Cuack Cuack.

De nuevo en este parque, con estos patos y esta sensación.

—Según yo hice las cosas bien —susurré, acostándome en el pasto—. Fui real, sincera. Me acerqué poco a poco, sentía una conexión especial —chillé—. ¿Por qué me rechazó?

Extendí la mano hacia el cielo, aún sintiendo el calor de sus manos y la dureza de su voz.

—¿Qué hice mal? —pregunté, apretando la mano. Pam, una gota de sangre cayó en mi mejilla—. Tengo la mano sucia —susurré, apretando aún más fuerte—. Esto es lo que soy...

Cerré los ojos, queriendo ocultarme en esa oscura realidad, buscando la soledad y rechazo donde pertenezco. 𝙛𝓻𝒆𝓮𝒘𝙚𝙗𝒏𝙤𝙫𝓮𝒍.𝓬𝒐𝙢

—¡Eres asquerosa, no te nos acerques!

—¡Das miedo! ¡Bruja!

—¡Estás maldita!

Todas sus palabras llegaban a mí, radiándome con el desorden de sus chillonas voces.

—¡Horrorosa!

—¡Monstruo!

—¡Repulsiva!

Todas sus palabras eran verdad. La persona que describían era la niña que tenían enfrente.

—¡Nunca serás amada! ¡Bruja!

El día de mi nacimiento fue único. Una cesárea apresurada, no por problemas médicos referentes al embarazo. Fue más por la catástrofe histórica que ocurría afuera.

1 de septiembre del 2000.

Una hiper tormenta de nieve azotó a la localidad de Svalbard. Estudios declaran que ha sido la única tormenta documentada en superar la categoría cinco.

Vientos constantes de 210km/h con ráfagas que superaban los 240km/h.

Temperaturas registradas por debajo de -46 °C.

Fueron dos días de puro sufrimiento y terror. Alcanzando una fase de intensificación extrema durante 91 minutos.

Provocando un fallo total de la red eléctrica de Svalbard. Con visibilidad menor a cinco metros, ocasionando imposible el rescate de civiles inocentes sin arriesgar la integridad física de agentes externos. Provocando la muerte de un quinto de la población, con 461 fallecidos.

Habitantes de la región confiesan sentirla como un castigo divino, la mano de Dios repudiándolos por todos sus pecados.

Ha sido la catástrofe más grande registrada hasta la fecha. 91 minutos que ninguno de sus habitantes olvidará, 91 minutos que duró la cesárea cuando nací.

Veinte años después, aún tengo frío... aún me siento atrapada bajo cinco metros de nieve.

Ese silencio, esa soledad. Toda la oscuridad se repetía en mi mente. Y en ese suelo frío, estaba yo, en el suelo, pegando mis rodillas contra el rostro.

—Todos me odian —susurré, apretando mi cabello—. Nadie nunca me amará.

Dicen que es imposible recordar tu nacimiento, pero yo lo veo con nitidez. Las paredes blancas del hospital, las ventanas cubiertas hasta el último detalle de nieve.

El único sonido era una estática que no alcanzaba a diferenciar. Proveniente de los generadores de emergencia que mantenían funcionando las paredes de plástico que me preservaban viva.

—Apaguen todas las luces y no malgasten en calentadores —gritó una doctora de bata blanca, mientras se acercaba a nuestro cuarto—. Ellos lo necesitan más.

Colocó en cada uno de nosotros una manta amarilla, no se sentía caliente, se sentía perfecta.

—Doctora, sus órdenes no tienen sentido —le reprimió otro doctor más joven, con una clara angustia—. Está demente, necesitamos la luz para ver y los calentadores para vivir.

Ella le lanzó una lámpara, junto a un paquete de mantas térmicas amarillas. —No malgastes las baterías —ordenó acariciando mi cápsula—. Ellos lo necesitan más que nosotros.

—Señorita, entienda —llamó, tirando la cobija a un lado—. En este momento tenemos a muchas grandes familias desconcertadas, incluyendo la Norguest, quitarles la luz y el calor solo provocaría pánico —chilló—. Tenemos políticos, militares, millonarios, entienda.

—Pasante, no me hagas repetirlo.

—¡Entienda, doctora! —puso una mano en su pecho—. Aquí hay doctores que llevan décadas de estudios, y usted es capaz de sacrificarlos por unos recién nacidos. ¿Por qué le importan tanto?

Ella pasaba la mano por mi cápsula, con unos dedos cuidadosos que lo decían todo. —La base de la medicina es el amor hacia el hombre —ella apretó el puño hacia su compañero—. Yo no voy a perder ninguna vida, ni de visitantes, ni de pacientes, ni de recién nacidos.

Y cumplió esas palabras hasta que la tormenta terminó.

—Por eso mientes, Clear —un cadáver me llamó desde la más profunda oscuridad. Al levantar la vista, la vi—. Siempre fuimos capaces de ser amadas.

—¿Ryne? —pregunté al aire—. ¿Qué haces aquí? Tú... tú estás muerta.

Ella se acercó, paso a paso, cada uno más hueco que el otro. —Yo no puedo morir —me dijo, enrollándome en sus brazos—. Nadie que importa lo hace, ¿lo olvidaste?

No respondí, solo me cubrí el rostro contra las rodillas.

—Lárgate, abandóname como todos —le pedí, sintiendo como mi voz se rompía—. Soy inútil, algo inservible.

—Clear —susurró, apretándome más fuerte.

Pero yo la empujé. —¡Si quieres tú toma mi lugar! —grité, sintiendo como se desgarraba mi voz en cada sílaba—. ¡Seguramente el mundo te amará más a ti! Por favor, vuelve a enterrarme y ahora, sé feliz.

—No digas eso.

—Cállate y déjame sola —volví a pedir—. Los celos, las dudas, los asesinatos, todo lo provoqué yo... y por eso, tú sufriste... Sin mí, tú hubieras sido feliz.

La vi parpadear, viendo nuestro par de zapatos. —Eso es mentira, tú buscabas lo mismo que yo —sonrió—. Tú también querías ser amada.

—Pero yo no merezco ser amada —declaré—. Ni por mí misma —bajé la vista, volviendo a estrellar mi rostro contra las rodillas—. Por favor, vete, toma mi lugar, y sé feliz.

Pero ella no me hizo caso, ella se sentó a mi lado sin decir nada.

—¿Qué haces?

—¿Lo olvidaste? —me preguntó tomando mi mano—. Él hizo esto con nosotras cuando nos sentíamos igual.

—Nolan te asesinó, ¿y aún lo recuerdas con cariño?

—Aunque sea tonto admitirlo, yo nací gracias a él, todo de mí fue construido por y para él —me abrazó con un brazo, acomodando su cabeza en mi hombro—. Así que no te sorprenda si estoy pintada de nuestro deseo.

No dije nada, solo me dejé sentir.

—¿Recuerdas como era nuestra vida antes de Vancouver? —me preguntó—. Tú eras toda una chica de hielo emocional. Pero antes de eso, sí te permitías sonreír.

Levanté un ojo, viendo su sonrisa al contar todo eso.

—Pero tú misma te bloqueaste —continuó—. Cuando corrieron a aquel jardinero, lloraste mucho, ¿no lo recuerdas? Lloraste tanto que nos quedamos sin lágrimas, y al final, no pudimos sonreír.

—¿A qué quieres llegar?

—A que tú misma te entiendas —confirmó, viéndome a los ojos—. Tu primer saludo no fue la alegría que merecías. Fue el terror, el rechazo, la deshumanización... f f f f f ff f f f f f f f f f f f f f f f f ff ff ffg

How did this chapter make you feel?

One tap helps us surface trending chapters and recommend titles you'll actually enjoy — your vote shapes You may also like.